domingo, 7 de julio de 2013

La línea

     Conocí a Javi hace muchos años. Empezamos con el difunto MSN, después pasamos a ignorarnos, finalmente renacimos con el Whatsapp. Pero con el Whatsapp tuvimos silencios largos y épocas de calentura máxima en los que no parábamos de hablar. Hace poco por fin le pude poner cara.

     Siempre es la misma historia. Va a venir a Madrid de visita/fiesta y me empieza a hablar para ver si podemos quedar y jugar un rato. Y esa vez accedí a quedar, aunque en el fondo no tenía nada de ganas de verle. Simplemente me parecía una persona más de las muchas con las que he estado y que no me aportaría nada. En realidad estuvo bien, me lo pasé en grande, en la cama y fuera de ella. Yo creo que se me fue un poco la cabeza y me pillé. Fue demasiado bonito para ser verdad.

     Pero me encanta esa sangre fría que tenía, en ese momento por supuesto que me cagué en todo lo cagable, no obstante, ahora tengo consciencia de lo correcto que fue eso. Simplemente se fue a los dos días y lo último fue un abrazo en Atocha que marcó el final de algo que no tendría lugar.

     Al principio los dos no éramos capaces de dejar de hablarnos. Pero con el paso del tiempo el silencio fue volviendo. Hasta que me dijo que borrase la conversación periódicamente. Creo que hacía tiempo que no me sentaba tan mal un comentario.

     Joder chaval, ahora te entiendo perfectamente. El pasado es la muerte del presente y nosotros, decidimos cómo llevar nuestro pasado con nosotros. Podemos arrastrarlo encadenado a nosotros como un cadáver en descomposición o como un recuerdo que se va idealizando incoscientemente con el tiempo.

     Yo hoy me he dado cuenta de que ese recuerdo ha cruzado la línea difusa entre el "mal recuerdo" y el "buen recuerdo". Gracias a ti, Javi, he recordado que al pasado hay que enterrarlo cuando antes, que sino empieza a apestar. Un abrazo grande, pero desde lejos.

Fonso de Sade

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