domingo, 4 de noviembre de 2012

QUERÍA DECIRTE QUE...



     Quería decirte que no pude evitar hacerte esta foto mientras dormías en mi regazo como un perrito. No me di cuenta cuándo te quedaste dormido, ni tampoco sé cuánto tiempo nos quedamos así. Supongo que para ti el mundo dejó de existir en cuanto cerraste los ojos y yo...

     Yo perdí la noción de la realidad, no había otra cosa que tu pequeña cabecita sobre mis piernas, tu pelo rubio que me hacía cosquillas en el paquete. No era excitante, simplemente era tierno. Creo que me enamoré de ese instante, de ese momento de paz donde podía notar tu pecho ensanchándose y relajándose a un ritmo continuo e incansable. Por primera vez, desde que te conocí, conseguí apreciar toda tu belleza. ¡Qué raro se me hace notar que eres más bello cuando estás tan quieto, cuando no estás haciendo nada, nada que no sea ser tú mismo!

     Cuando me distraigo un poco de mis asuntos, sólo aparece esta imagen ante mi, tus ojitos pequeñitos y azules, llenos de dulzura sonriéndome, porque sí, tus ojos sabían sonreír y tu boca sabía atraparme. Pero nunca te lo dije, no te lo digo, ni te lo diré. Cuando te veo en mi mar de pensamientos, pongo mis pies en la tierra y me repito a mí mismo que no debo idealizarte, que no debo enaltecer tus gráciles facciones, ni perfeccionar tus movimientos. Intento con todas mis fuerzas mirarte como tú eres. Revivir tu ser tan fielmente como recuerdo, sin el "desenfoque gaussiano"(que tanto odiamos) que le gusta aplicar a todo, mi maldita cabeza.

     Cuando te vi viajar al mundo de los sueños sobre mí, me centré sólo en ti. Creo que jamás habías captado tanto mi atención. Eras extrañamente atractivo, eras bello incluso sin pretender serlo. Comencé a acariciar tu cabecita con mucha delicadeza, no quería despertarte, no quería destruir ese momento que se me hacía más corto que lo efímero.

     Durante el tiempo que estuve acariciándote me fijé en tu piel blanca como la leche, cremosa. Sí, tu piel no era suave, era cremosa, era dulce, era excitante. Te robé un beso en la mejilla, espero que no me culpes por ello. No quería violarte de esa manera, tan sólo quería calmar la tormenta que se desataba en mi interior.

     Me hizo gracia cuando empezaste a hablar en sueños con una vocecita que no era propia de ti, muy distinta al tono grave y profundo, intimidante que solías tener. Era una vocecita que susurraba, que gemía y lloraba. Sí, tu voz no era tan sólo grave o aguda, tenía colores, sentimientos. Este suceso se encadenó en mi cabeza a un hilo de pensamientos. Tú eras diferente.

     Era raro verte tan calmado, tan desprotegido, tan pequeñito, tan dócil. Porque tú eres tierra, eres cielo, eres tormenta, eres inmenso... Eres bravo, valiente, impetuoso como el mar.  Comencé a recordar cómo eras cuando te vi por primera vez, tú ni si quiera te percataste de mi presencia. El mundo era demasiado insignificante para ti, estabas ansioso por encontrar la muralla que consiguiese pararte los pies. Supongo que cuando al fin conseguí captar tu atención, te llevé a tu perdición y tu deseo más profundo. No te anulé como persona, ni lo haré. Me gusta que seas tan exageradamente apasionado ante la vida, me gusta que a su vez tengas este lado tan calmado.

     A lo largo de este tiempo hemos conectado en muchas ocasiones, pero también hemos chocado en otras muchas. Y sin embargo toda la consternación que me producía dejó de significarme nada. Olvidé lo que ya había olvidado.

     Podría dedicarte más palabras, más frases y más retórica, pero cuando contemplo esta imagen, cada palabra que escribo se me vuelve más vulgar que la anterior. Espero que algún día llegues a leer esto.

Fonso de Sade

jueves, 1 de noviembre de 2012

LA REALIDAD DEL PODER

     Hace ya varios meses que tuve el placer de conversar con una persona que me inspiró profundamente, no por el hecho de ver el mundo como yo lo hago, ni si quiera por empatizar conmigo. Simplemente fueron sus palabras y su forma de hablarme. No era ningún lameculos cualquiera, ni si quiera un lameculos de los que tanto abundan por la Red. Era alguien realmente excepcional, sin embargo no coincidíamos en nada. No obstante, no fue impedimento para mi, admirarle por llegar a sus conclusiones.

     Estuvimos hablando más de dos horas y era bastante tarde, me estaba muriendo de sueño pero su conversación me absorbió por completo y el tiempo voló. Tratamos varios temas, pero sin duda el que dejó una huella mas profunda en mi fue el intercambio de poder entre "el que acapara el poder" y "el que carece de poder". Él me decía que el que acaparaba el poder, el poderoso era el "Rey" y los que carecían de poder era "el Pueblo". Y textualmente dijo: "la mayor grandeza de un Rey es postrarse ante su pueblo, ya que el que todo lo tiene solo le resta compartir con los demás lo que posee. El Rey se postra ante su pueblo, ¿quién es mas grande entonces? Sin duda el que se postra, por eso yo soy "sumiso" y no AMO, porque en realidad, en la vida, yo soy quien controla a todos y esta bien que alguien en algún momento me controle a mi también. Es un perfecto equilibrio." 

     Me dejó descolocadísimo, no sabía como tragar eso, me parecía tan real todo lo que decía que no supe contestarle ni contradecirle. En el fondo de mi cabeza un resorte hizo ¡click! Quizás, todo mi mundo se sustentaba en algo erróneo, quizás la base de mis cimientos fuera una falacia, una ilusión que quise crear y que aún perdura.

     Estoy de acuerdo, está claro que el que es capaz de "postrarse" ante otra persona a pesar de que socialmente se nos haya educado e influenciado de manera que pensemos que todos somos iguales y que no hay que subyugarse ante los demás, es de personas valientes y que son capaces de enfrentarse a una realidad interior. No hay mayor verdad que lo que uno piensa y siente.

     Yo he tenido suerte de que me haya tocado en el otro lado, en el lado que domina y que sostiene la cuerda. Aunque lo de suerte es una coletilla, en mi carácter llevo implícito el orgullo y quizás por ello considero que es suerte la mía por no tener que encarar la humillación y la cesión del control. Supongo que desde el otro lado debe ser diferente, que será lo natural, lo que uno DEBE hacer, no será humillante, porque es implícito en su ser, pero por otro lado la influencia social si que habrán puesto una barrera mental que será difícil de sobrepasar.


Fonso de Sade