viernes, 30 de marzo de 2012

Un pedazo de mi vida

     Nací en un 29 de marzo del año 1994... Miento, ni si quiera lo sé, no era consciente de mi nacimiento, no me pidieron permiso para tenerme, pero sin duda alguna habría aceptado si hubiese tenido oportunidad de elegir. La vida es demasiado maravillosa aún cuando las cosas marchan mal, no la desperdiciemos.

    Volviendo al tema, los primeros recuerdos que tengo de mi infancia quizás sean los mas tiernos. Era un niño muy sensible, bastante llorica y muy orgulloso. Queda mal que yo lo diga, pero era lo más gracioso de toda la faz de la Tierra. Desde pequeño siempre fui un niño curioso, tenía que tocarlo todo, ver como funcionaba. Estaba siempre atento a las cosas que sucedían a mi alrededor, aunque aparentaba que no me enteraba o no me afectaban. Amaba el conocimiento desde pequeño, deseaba aprender a leer para poder devorar las enciclopedias que mi primo me regaló ya que no las usaba, para él eran papel mojado, para mí era ambrosía de dioses. Cada día le pedía a mi tía abuela que me leyese un artículo, era sin duda el momento mas mágico del día.

    Vivir lejos de mis padres cuando era pequeño sin duda me ha afectado y marcado profundamente. Esta circunstancia me ha hecho madurar bastante, he tenido que vivir muchas cosas solo. Mientras veía que a mis compañeros de clase les iban a recoger sus padres yo tenía que conformarme con algún pariente y cuando cumplí 6 años ya volvía solo a casa. Aparentemente nada de eso me afectaba, me daba igual, pero en el fondo echaba mucho en falta a mis padres. Hubo una vez en el colegio que mi profesora me preguntó que por qué no venía mi madre o mi padre a recogerme. A mí se me cayó una lágrima y no supe qué decir. Simplemente me fui a la salida del colegio e hice como si no hubiera pasado nada. Este sólo fue el inicio de una vida de vivir los momentos solo. De pequeño no estuvieron cuando yo quería que estuviesen ahí, sinceramente, esto me hizo comprender que en mi vida tendría que apañarme solito en los problemas que tuviera y creo que desde siempre he sido así.

    Nunca me ha gustado pedirle nada a ellos, ni si quiera dinero y menos que me fueran a ver a alguna entrega de premios, o mi graduación que dudo mucho que les invite para eso. Ahora francamente me da absolutamente igual.  A lo largo de estos años he sido el hijo independiente y responsable, me gusta hacer mis cosas sin depender de nadie y a pesar de que al principio odiaba hacerlo, luego comprendí que era lo mejor que me podría haber pasado, gracias a ello soy una persona que puede hacerse responsable de si mismo y cuidarse.

    Cuando llegué a España el primer recuerdo es el cariño con el que me recibieron. Yo jamás había visto a mi madre en persona hasta ese día, no supe qué decir ni qué hacer. La veía sonreír mucho y no paraba de decir que probara cosas de la mesa que serían sabores nuevos para mí. Esa noche la pasé llorando en silencio y echando de menos mi antigua infancia. Deseaba volver con todas mis fuerzas, no quería vivir ahí, era la casa más bonita que jamás había visto pero no me sentía bien, no era mi hogar, no era el lugar donde quería vivir. Recuerdo despertarme a las 11 de la mañana del día siguiente, nada más sentarme sobre mi nueva cama me invadió una sensación de incomodidad extrema, como si mis entrañas se quisiesen salir y estar hinchándome poco a poco. Todo era desconocido y nuevo. Sin duda no comprender el idioma, ver caras distintas y el carácter tan abierto y extrovertido de la gente me hizo retraerme en mí mismo. Cerrarme a todo.

     Y hasta hace poco ha sido así y creo que sigue subyaciendo parte de esto en mí. No es que no haya tenido amigos en España, de hecho he tenido muchísimos. Me acuerdo de que el primer día de colegio lloré antes de entrar por la puerta (jajajaja), esa clase sería mi segundo hogar y mi refugio. Hice los mejores amigos que pude, les quería, me querían. Pero debo reconocer que fui bastante tímido con las personas desconocidas, no tenía el don de gentes. Ahora, a día de hoy, sigo siendo un poco tímido al principio pero tampoco me cuesta abrirme. Aún así valoro mucho la soledad, pienso que es no es ningún mal, más bien un regalo que pocos saben apreciar.

    Mi primer recuerdo relacionado con el "sexo" si es que se puede considerar sexo a esto que voy a contar, fue cuando tenía 5 o 6 años. Por la televisión veía Hércules y había una escena en la que unos marineros le atrapaban y una mujer abofeteaba al héroe. No pude evitar notar que mi pito se pusiera dura, no comprendía muy bien lo que pasaba, pero me excitaba ver a Hércules atado y humillado por esa mujer. Recuerdo que me tumbaba sobre el sofá y comenzaba a frotarme contra él, a veces sudaba a mares de estar tanto rato frotándome. Realmente no me frotaba sólo con el sofá, sino que también con la mano. Era genial alcanzar el clímax, no salía nada pegajoso ni líquido. Era mucho más cómodo que ahora, sin duda. Mi tía abuela a veces me pillaba y me decía que dejase de hacer eso que estaba mal, pero a mí me daba igual. Yo lo seguía haciendo cuando no me veía.

    Este placer por los hombres, la humillación, el dolor, los golpes, por los cuerpos bonitos jamás desapareció de mí. Siempre fui un pequeño niño perverso deseando el poder de controlar a otro hombre mucho mas fuerte que yo. Lo intentaba con mis amigos en el colegio. Me acuerdo que de pequeño jugando a ¿guerrear? me pedía ser el rey y mis amigos tenían que arrodillarse para hablarme y protegerme de los ¿orcos?. Era realmente fascinante y excitante para mí esas pequeñas experiencias.

    Cuando cumplí 12 años y ya había pasado al instituto conocí por primera vez lo que es el BDSM y el cine porno. Durante esos años de la popularización de Internet, cuando todo el mundo deseaba una conexión de banda ancha y descargarse películas a través de la mula, observé por primera vez lo que es la humillación de verdad. Mi tío se descargó una película y yo recuerdo que estaba trasteando con su portátil, de repente la mula avisó de que se terminó la descarga, mi tío me dijo que abriese la película a ver si era la que decía el título que es. Lo abrí tan inocente y lo que veía era un grupo de soldados, adelanté un poco la barra de reproducción y vi cuerpos desnudos, lo cerré rápidamente, me sentí ruborizado, mi tío me dijo: "es una película rara, no la veas." Sólo tienes que prohibir algo para que todo el mundo lo haga.


    Por supuesto que yo me pasé su orden por los cojones, cuando estuve solo, volví a reproducir la película (más tarde me enteré que se llamaba Berlin Army Dreams de Cazzo) se podía observar como un soldado fregaba el suelo de rodillas, desnudo y con el sargento inspeccionando su trabajo y pateándole el culo. Esa escena me la puso bien dura, pero a la vez me incomodaba bastante la desnudez, ver sus huevos y su polla o la follada final que le pega el sargento.

    Gracias a esto empecé a buscar más videos de este tipo, hasta encontrarme con Van Darkholme y la serie Bondo Gods.

    A raíz de investigar sobre estas películas descubrí un nuevo concepto, el BDSM y aquí me tenéis escribiendo esto. A pesa de haber descubierto un mundo nuevo, todavía no sabía claramente si me gustaría estar con un hombre, su pene, sus testículos, su culo, follar. Para mí era algo que no podía concebir todavía, era una barrera que mi mente colocaba para consolarme de mi clara homosexualidad. Lo pasé mal, no era algo que pudiese contar a mis amigos, pero tampoco era nada del otro mundo, yo pensaba que me seguía gustando las chicas, de hecho me declare a la niña más guapa de mi clase ( ¡olé mis cojones! ), no dio resultado. Fue más bien un fracaso, pero era joven, todavía no tenía ni idea de lo que me esperaba.

Esperando el tren ese día.
Esperando el tren ese día.

    Es comprensible que a lo largo del tiempo uno se vaya cansando de las mismas historias de siempre. Yo me cansé de las pajas, de leer relatos en tuamo.net y de ver vídeos por la red. Busqué quedar en real con alguno y viendo el escaso éxito que tenía en tuamo, preferí buscar en Google, que es fuente infinita de información y oportunidades. Encontré a un masoca convencido, tenía tan solo 15 años, pero él tenía 23. Mentí, dije que tenía 18. Todavía me acuerdo de ese día. Mi madre estaba de viaje y mi padre y yo nos quedamos solos en casa. Él se iba por las tardes a no sé donde y yo directamente cogí y me fui sin dudar a casa del tipo este. No os voy a aburrir con la sesión que tuve porque, vale, fue mi primera vez y era un poco torpe, pero me lo pasé muy bien. Él quizás no tanto, porque no vi que se le pusiera muy dura, pero se le veía con ganas de recibir más caña.

    A partir de esa primera experiencia he intentado quedar lo más que he podido, pero ver a un niño, porque todavía sigo teniendo cara de niño, no es lo que la gente busca. Suelen pedir hombres, no niños, así que mis citas han sido más bien gracias a mi forma de pensar o mi personalidad que mi por mi físico.

    A pesar de que mi vida haya estado plagada de dificultades y sufrimiento me siento muy afortunado. He sido siempre positivo y sobretodo he tenido millones de momentos felices, eso sí, todos muy efímeros. No me cabría duda de que podría haber vivido mejor la vida que la Naturaleza me ha concedido, pero lo he hecho decentemente.

    Creo que me he extendido demasiado en esta entrada, pero los hechos más destacables están reflejados aquí. Disculpadme, intentaré escribir entradas menos extensas, pero es que esta ocasión lo exigía así. Abrazos.

Fonso de Sade

jueves, 29 de marzo de 2012

18 AÑOS


    Me toca despedirme esta noche de mis 17, mis diecisiete inviernos. Unos diecisiete años en los que no me arrepiento de casi nada. La verdad es que he tenido una vida bastante plena, obviamente he tenido altibajos, como todos. Muchas veces he querido desistir, dejar de luchar, rendirme. Ha habido ocasiones en los que la incomprensión del mundo que me rodeaba me hacían querer deshacerme como si fuera polvo y huir y ha habido otros momentos en lo que he querido parar el tiempo y no dejar que se escape ni un ápice de la felicidad que me bañaba en esos momentos.

      Otro año más ha llegado el día que marca el fin de un ciclo y el inicio de otro. Es mi cumpleaños otra vez. Esta noche supongo que es la más especial de todas las que he tenido durante estos 18 años. Hoy ya tengo el honor y la responsabilidad de ser el total y único responsable de mis actos. Sé que mañana será un día igual, que nada cambiará, ni seré mas guapo, ni seré mas inteligente, ni mas rico, ni más pobre. Pero, sinceramente, me hace realmente ilusión y me causa inmensa felicidad tener al fin 18 años.

     No me voy a enrollar más que se me hace tarde y mañana todavía me queda madrugar, pero os prometo que haré un análisis de conciencia y de vida mañana mismo. Abrazotes para todos.

Fonso de Sade

domingo, 18 de marzo de 2012

I'm not a superhero



     En millones de ocasiones me han "alegrado" el oído con meros halagos. Escuchar cómo te suelta un: "es Usted perfecto." es excitante a veces. Pero me doy cuenta de lo que significan esas palabras. Debajo de esa lisonja, está toda una declaración de intenciones.


     Antes quizás podía dejarme influir por ese tipo de halagos, pero ahora siento más que molestia. Intentan empujarme hacia el Cielo, hacia lo Divino, cuando yo pugno por quedarme en la Tierra, ser un mortal más, con sus debilidades, defectos y fallos. Odio que me consideren perfecto, no soy Dios, ni quiero serlo. No pretendo igualarme a él siendo AMO y tampoco deseo fingir por momentos. No me gusta tener que llevar máscaras, no quiero actuar como una divinidad, con sus movimientos llenos de gracia, la voz seductora, una sonrisa enloquecedora, un cuerpo escultural. Estoy lejos de todo ello ya no en el plano físico, también quiero alejarme del plano psicológico. Sé que soy fuerte, que pueden apoyarse en mí. Lo he hecho siempre, toda mi vida he estado ayudando y cuidando de los que me rodeaban, pero a veces también tengo ganas de desfallecer y caerme al suelo rendido. Me levantaré, lo sé, pero he caido, eso no es propio de un Dios.


    No soy un dios, porque a veces lloro, porque a veces necesito apoyarme en otros. No soy un dios, porque mi cuerpo nunca ha sido perfecto, porque me ensucio como todo mortal en la Tierra. No soy un dios, porque peco de vanidad, porque tengo miedos. No soy un dios, porque...

    Me gusta ser el adolescente que soy, con todas mis imperfecciones. Me gusta verme en el espejo y no encontrar al ser mas bello que haya pisado la faz de la Tierra, aunque debo reconocer que a veces si que me dan venazos en los que sufro cierto narcisismo ante el espejo. Me gusta saber que estoy muy lejos de ser el modelo ideal de persona. A veces soy egoísta, muchas veces me puede la ira, incluso a veces pierdo el control de mi cuerpo dejandome llevar por turbulentos sentimientos que me arrastran a "enamorarme".  Me gusta saber, en ciertas ocasiones, que soy el último mierdas de este mundo, es mi puta realidad, pero intento sobrevivir en ella.

     Sé que soy insignificante, pero gracias a que me doy cuenta de TODO lo que soy, también soy capaz de verme el más poderoso, de ser capaz de mover el mundo. Tengo valor por pretender cambiar el mundo. Soy valiente por escribir esto, despotricando contra mí mismo, reconociendo, públicamente, lo que me hace ser un puto mortal defectuoso. Me gusta auto rebajarme un poco los humos de vez en cuando, es bueno para mí.



     Como iba diciendo y haciendo referencia al título de esta entrada, quiero manifestar que no soy un superhéroe, que no podré estar ahí firme, dispuesto a soportarlo todo y ser el apoyo de todos. No podré ayudar a la gente. Quizás ya no es porque no pueda, es que ya ni si quiera quiero ayudar a los demás. Hay pocas personas que se han ganado mi respeto y pocos merecen que yo les ayude y sea su soporte.

     Por hoy no tengo nada más que decir. Vuelvo a pediros disculpas por no tener el blog al día, pero ahora que me estoy organizando mejor, espero que me leais con más asiduidad. 

   
 Fonso de Sade