martes, 31 de enero de 2012

La espiral de Juan



     Juan se desperezaba mientras los cálidos rayos del incipiente verano comenzaban a iluminar su habitación. Seguía medio adormilado mientras intentaba encontrar su móvil para ver si todavía quedaban algunos minutos para tener que levantarse. Ese día había quedado con Miguel muy pronto, tenía que devolverle su camisa, su cinturón, el colgante que éste le regaló, un sinfín de CDs y las fotos comprometedoras que Juan tenía de Miguelito. Era el último día de Miguel en Madrid, había decidido volver a Mallorca, su pequeña isla natal, la cual le traía innumerables recuerdos de niñez. Había acabado su año sabático en Madrid, sus padres habían decidido dejar de financiarle sus vacaciones y su vida cargada de lujos y caprichos.

     Con su marcha dejaba, a parte de la preciosa ciudad de Madrid, a Juan, la persona con la que había estado durante los últimos nueve meses. Se habían conocido en el bar donde Juan trabajaba. Fue un amor en gestación, los dos se sentían atraídos por las vivencias del otro, ergo sus pensamientos. Fue un amor intelectual, algo que creció poco a poco. A pesar de ello, Juan era mucho más joven que Miguel. A sus 25 años, Miguel seguía siendo un niño mimado, consentido y sumido en su burbuja. Esta vida de comodidad y placer atraía a Juan sin remedio. Éste último sin embargo, había tenido una vida dura, teniendo que vivir situaciones familiares muy complejas, hecho que ha le ha permitido madurar, crecer, fortalecerse y comprender muchas cosas, incluso conocer más la vida que Miguel. El intercambio de palabras día tras día supuso la semilla de una relación que se acabaría esa misma mañana.

     Juan al fin consiguió encontrar el móvil, miró la hora todavía con la vista borrosa y era pronto. Aun así, se quiso levantar. No era un joven excesivamente atractivo físicamente, excepto su cara, no era un dios griego, pero tenía unas facciones infantiles que en conjunto resultaban armoniosas. Se puso "Copenhague - Vetusta Morla". Juanito era un melómano, amaba la música, su vida era una película con la más extensa banda sonora, no había un segundo de su vida sin el toque musical. Mientras se lavaba la cara, recordaba todos los momentos vividos con Miguel, momentos que nunca podría olvidar. Éste le había dejado marcado de por vida. El legado de Miguel por Madrid, fue la pequeña cicatriz que le dejó a Juan. Al ser Juanito alguien optimista, alegre, orgulloso y a veces algo resignado, se lo tomó bien, no hizo ningún tipo de drama, ni tampoco le culpó ni discutió con él, prefirió entenderlo, aceptarlo y él sabía perfectamente que en un futuro sus caminos se volverían a cruzar.

     Se preparó un ColaCao y se lo bebió, su mente no descansaba, seguía pensando en todo, las ideas estaban algo caóticas, como un mar revuelto. Sus ojos oscuros se quedaron clavados en la cuchara mientras revivía los últimos días tan intensos de sexo, amor, pasión y quizás algo de dolor. Despertó de pronto de su abstracción, volviendo en sí, miró la hora. Se levantó rápidamente para vestirse, asearse un poco, arreglarse el pelo. Bajó a la calle para dirigirse al metro e ir al aeropuerto, cuando de pronto vio a Miguelito, con su sonrisa de perlas, sus ojos profundos como el mar, su pelo azabache. Era irresistible, Juan miró alegre hacia el que será dentro de unas horas una página que tendrá que pasar en el libro de su vida. Le dio un largo beso, lleno de alegría y que parecía no tener fin. Juan puso la mochila en la que guardaba las cosas de Miguel en el maletero del taxi, se subió con Miguel dirección al aeropuerto.

     El viaje tuvo un silencio elocuente, no hacía falta decir nada, todo estaba en sus ojos, en aquellos pares de ojos transparentes como el aire, que no dejaron de mirarse. Juan estaba alegre como siempre, vivía con energía, agarró de la mano a su novio y la apretó con su mano. Rasgó una sonrisa y miró al adonis que tenía al lado. Le daba pena, pero era mejor sonreír y dejar que las cosas sucedieran. Ya se acercaba la hora de que Miguelito tuviera que facturar. Juan prefirió despedirse lo más rápido posible, sin demasiado sentimentalismos ni ñoñerías. Sin embargo Miguelito no podía parar de llorar y de condenar ese momento, por momentos odiaba a Juan por su frialdad y su alegría ante aquel suceso. Miguel había madurado con Juan, había crecido, pero seguía siendo menos, inferior a Juan, no lo podía evitar y sabía que tarde o temprano Juanito iba a cansarse. Se resignó y echó una último mirada hacia atrás y se encontró con los ojos de Juan.

Camino al aeropuerto


     Juan se encontraba sólo, siempre se había encontrado solo y más hoy, que parte de su vida se rasgaba y se iba volando a otra parte. Decidió ir a dar una vuelta por el centro, una idea horrible, se estaría acordando de todos los buenos momentos que vivió por aquellas calles, sin embargo no pareció importarle ese posible hecho. Su aparente alegría había dejado paso a una soledad y tristeza con la que le costaba cargar. Cogió el metro y no dudó ni un segundo, iría a SU lugar, el lugar más mágico de Madrid. Aquel domingo era radiante, maravilloso, hasta que el cielo decidió solidarizarse con Juanito y se cubrió de unas peligrosas nubes. Caminó cruzando la Gran Vía, le gustaba pasear por ahí, había tanto bullicio y tanta gente, pero eso le hacía sentirse más sólo aún. Miró al suelo y casi corrió en su frenético andar.

Templo de Debod


     Amaba subir por esas escaleras que daban al Templo de Debod, era maravilloso contemplarlo y más ese día, tenia un color especial. El color de una despedida. Se sentó en el césped, se apoyó sobre sus mano y se quedó de cara a los pocos rayos de sol que escapaban de las nubes. Sonreía tristemente. Había dedicado tantos meses a Miguel que ahora sin él, se sentía perdidísimo a pesar de que él llevara siempre las riendas. Era uno de sus peores momentos, no podía contenerlo más, debía romper a llorar o reventaría como un globo. Una gota le recorrió la cara, y otra, y otra, y otra, era la lluvia. Hasta el cielo se compadecía de él. Todo el mundo se empezó a marchar, pero él en su cabezonería, decidió quedarse y empaparse entero. No tenía nada mejor que hacer. Cerró los ojos. No había más ruido que el del chapotear de la lluvia sobre la hierba.

-Te vas a mojar enterito.- Esas palabras rompieron la armonía en la que estaba sumida Juan. Levantó la vista y vió un paraguas negro y a su lado un hombre alto, quizás mucho más que sus 1.75m con una sonrisa socarrona. No dijo absolutamente nada.

-Vaya, no pensaba que mojarse fuese tan divertido. Si tan divertido es debería sentarme a tu lado para probar como se siente ¿no? Tampoco contestó, sólo le miró con cara de no entender nada.

-¿Un mal día? Yo también he tenido un mal día.- Y ahí se quedó con Juan, mojándose bajo la lluvia. 

     Juanito no sabía que decir, estaba demasiado triste y desganado por todo, no sentía fuerzas para nada, pero estaba mirando a aquel hombre a su lado, sentado y mojándose con él. Se sintió muy emocionado y en vez de quitársele las ganas de llorar, sólo pudo romper a llorar desconsoladamente como un niño pequeño, como lo que él era, tan sólo un niño. Juan no le dijo nada al desconocido, simplemente lloró y lloró bajo la atenta mirada de aquel observador intrigado. Aquel joven, sólo pudo sonreírle otra vez con ese gesto tan burlesco.

-Anda, vámonos a mi casa y te presto algo que estás caladísimo.



     Juan dejó de llorar y aceptó con un gesto de cabeza. Se levantó y siguió a aquel hombre que le estaba ayudando sin razón alguna. Ambos corrieron hacia Plaza de España y después a Noviciado, a unos pisos que a pesar de estar en una callejuela pequeña, tenian pinta de ser bastante caros. Juan respiraba entrecortadamente cuando llegó al portal de aquel edificio grisáceo e impecable. Aquel hombre le abrió la puerta y le invitó a subir. Juan se sentía un poco incómodo, no le conocía de nada a aquel tío pero había aceptado ir a su casa.

     Se fijó ahora un poco más en él, tenía el pelo algo rizado y corto, negro como el carbón, su barba de unos tres días le cubría parte de la cara y le quedaba bastante bien. Tendría en torno a los 30 años. Llegaron al tercer piso y caminaron por aquellos largos pasillos hasta llegar a un pequeño apartamento con un decorado minimalista. Aquel tipo le ofreció a Juan un baño y le trajo algo de ropa, una camiseta y unos pantalones cortos junto a un boxer todavía en su caja, el cual supuso Juan que estaba para estrenar. Se duchó lentamente y tuvo un flashback de todo lo acontecido hasta llegar a la ducha. No se sentía para nada incómodo, ni si quiera mal por causar molestias. Ese hombre le había transmitido mucha seguridad y paz. Salió de la ducha vestido con la ropa que le había dejado aquel desconocido.

-Muchas gracias por todo.- dijo Juan tímidamente con una voz casi imperceptible, pero audible en ese perpetuo silencio.
-Oh! no es nada, ¿que quieres tomar? Hay de todo en la nevera sírvete tú mismo.

     Juan se acercó a él que se encontraba al lado de la cocina americana, abrió al nevera y encontró agua, refrescos y cerveza. Cogió la botella de agua y se colocó de pie enfrente de aquel hombre. Le miró a los ojos y vaya... ¡qué ojos tan verdes! No pudo evitar sonreír.

-Hola, me llamo Abel y soy el desconocido que ha traído a otro desconocido a su casa por cierta razón que ambos desconocen...- Juanito no pudo evitar reír a carcajada limpia, aquel tío, Abel, tenía cierta gracia.

-Pues yo me llamo Juan y soy aquel chaval que va a casas de desconocidos.-Ambos contuvieron un amago de sonrisa. Había algo raro en todo eso, no paraban de mirarse a los ojos. Juan notaba cómo esos luceros verdes se clavaban en los suyos como dos flechas imparables que se dirigian directos a su alma...

Continuará...

3 comentarios:

  1. joooo... qué bien escrito y qué bonito. Estoy esperando la continuación, no tengo ni idea de cómo puede tirar la historia, me temo lo mejor (y lo peor^^)

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  2. Nos dejas con la miel en los labios... ¡Por favor!, continúa con el relato. Cuesta mucho encontrar algo tan bien escrito por ahí... Tienes un don para la escritura, te expresas de maravilla.
    ¡Que arte!, por favor terminalo y no nos dejes asi.
    ivansergi

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  3. Hey!! Chaval!! T eencontré en TuAmo.net // Muy bueno tu blog!!! Muy buena tu historia y este relato en particular // Fuerte abrazo // CbaArgMaxi

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